TOCAR EL CIELO Teníamos que ascender juntos, saltar del sueño
a la realidad de la irreprensible vigilia, absorber
amor -efluvio como vestigio de asombros-, coronar
el más hermoso remonte de dicha, ser gérmenes
de creación, tocar el cielo en transparente analogía,
respirar la tibia tarde cuando se transforma en un mar
de sombras y nos cobija. Sentir - entre alegorías
y silencios profundos- que el destino del hombre
en la dimensión total del paisaje es próvido amor;
que cada uno posee su propia vida en la del otro,
punto luminoso, paz en dos que hilvana pasión
con emoción. Sentirnos -ensenada romántica-
crecidos, enamorados, eternos…
Surtido completo de amores, eres melodía y eres
musa en lenguaje inaprensible de alentada evasión
musical. La hermosura de Venus te ha impregnado
de recuerdos y murmullos serenos; te ha colmado
de evanescentes sueños. Los ecos de estos años
son poderosa voz al viento; son palabras de dolor
y espera escritas sobre magro papel alegórico;
son como la verdad que crece insolente e impetuosa
en brillantes serenas praderías…
Albos senderos retienen verde paisaje refractado
en el lago de las emociones:
espejo, espiral,
estribación, meandro, curva, monte de la luna
que vamos remontando; vehemencia, fuegos ardientes,
mágica quimera codificándose en hermosura y tristeza
de amor retenido; ímpetu que va sembrando en el cielo
entre nubes de plomo y agua, serena infinitud de astros
dormidos; dominio lúcido que lo abre con sencillez
a la sorpresa permanente, reflejando albos senderos
en procura de inigualable indulgencia.
Todo, para facilitar la sensación -ostentosa culminación-
de lo efímero.
Sustancia de vida; río que fluye sin rumbo...
Teo Revilla Bravo.Obra: Manuel Parra. Poema: Teo Revilla Bravo.